domingo, 19 de diciembre de 2010
Nueve.
Vuelvo a las andadas, es la primera vez en bastante tiempo que necesito escribir. He defraudado y he hecho que las personas a las que más quiero reciban un jarro de agua fría, un golpe seco y duro. No me cabe duda de que si se invirtieran los roles, como ya ha sucedido alguna vez, habría hecho lo posible para que esto no aconteciera como de hecho ha sucedido, y además las precauciones que me había asegurado de tomar para evitar algo así y nunca antes habían fallado se desmoronaron, pero nada de esto me exime de mi culpa. Tengo más que merecido todo aquello por lo que he tenido que pasar, y no me preocupa en absoluto porque lo considero instructivo y necesario. Sin embargo, me duele pensar que mi conducta ha hecho que quien de verdad me importa sufriera. No paro de elucubrar, de conjeturar sobre por qué tuvieron que informarles puntualmente y en caliente, porque contado por la mañana, sólo 6 horas más tarde, quedaría en una simple anécdota y un mohín de desaprobación, y por eso necesito esta catarsis. Encuentro perdonar mucho más facil que aceptar que me perdonen, y no sé como agradecerlo ni como transmitir mis disculpas. Ignoro cómo solucionarlo o compensarlo, pero de lo estoy seguro es de que no voy a dejar que quien quiero lo pase mal por mi culpa, y no sé como decir más claro que LO SIENTO
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